En uno de sus últimos libros publicados, “The Demon-Haunted World”, el físico Carl Sagan habla en varias ocasiones de la figura de Thomas Jefferson. Jefferson se definía a si mismo como científico y aparentemente llegó a dominar varias disciplinas que en su época se encontraban en el límite del conocimiento científico. Una de las frases que Sagan atribuye a Jefferson es: “Los verdaderos patriotas hacen preguntas”.

Ésta parece críptica si no se pone en contexto la vida de Jefferson, un hombre que disfrutaba de placeres sencillos como hacer largas caminatas. Contibuyó a la independencia de su país, (aunque no redactó el documento final) y llegó a ser presidente del mismo. La frase referida aludía a que es conveniente cuestionar a los líderes políticos para evitar que caigan en abusos y contradicciones. La actitud siempre crítica y propositiva de Jefferson es muy necesaria en tiempos en que nos encontramos en la posibilidad de crear un nuevo proyecto de país.

Algo que caracterizará al gobierno de Andrés Manuel Lopez Obrador (que iniciará, hay que recordarlo, hasta el 1o de diciembre) es que mucha gente está pendiente de los más mínimos detalles de las diferentes designaciones y posturas que adopta quien tomará posesión hasta dentro de casi cuatro meses. Muchas voces se alzan ya críticas, otras un poco más mesuradas, pero definitivamente hay gran expectativa sobre lo que vendrá. Hay incluso, quien espera que el próximo presidente “se caiga del burro”, como suele decirse, para lanzar la carcajada. Algo que, por cierto, parecería un tanto infantil.

Esta actitud crítica por parte de la ciudadanía es una experiencia nueva en nuestra sociedad, acostumbrada por muchos años a guardar un silencio temeroso y cómplice de las decisiones de los gobiernos en turno. Sí, los verdaderos patriotas hacen preguntas. Aunque las preguntas que se formulan deben de estar encaminadas a construír lo que será el nuevo proyecto de nación. O, como solía decir José Vasconcelos: “solo tiene derecho a criticar a su país quien mucho lo quiere.”

A veces el viento de la democracia puede golpearle a uno con fuerza en el rostro. Es inherente a la misma. Lo contrario es el regreso al: “ni los veo ni los oigo”, de los gobiernos autoritarios y que tanto daño causó a México.

Debatir con respeto y sin escudarse en la comodidad de la descalificación a ultranza. Quien formule un cuestionamiento deberá estar dispuesto a proponer también soluciones. Todos deseamos que el cambio sea para bien del país.

 

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