Escribir es un acto de rebeldía. En estos tiempos de redes sociales y “feik nius”, escribir poesía es un acto de valentía. Hacer llegar esa poesía a través de los mismos caminos digitales e inmediatos donde pasean liviandades y perezas es una bravuconada. Tal vez por eso, es por lo que la poeta hidalguense América Femat Viveros ha decidido titular “Irrupción” a su segundo libro; una compilación de poemas sueltos que fueron sembrados lo mismo en revistas literarias digitales, publicaciones de “feisbuc” o antologías en papel. La ilusión de ser leída en lo inmediato, por lectores a los que tal vez no tenga acceso de manera física, ha crecido en el sueño de mostrar esos versos en el soporte por excelencia de la literatura, el papel.

La devorada luz que destila el acantilado / de mi sexo, / la revocada ola / parida entre las piernas de las rocas, / la derramada sed e la mar de los cuerpos (…)

Desbordan el erotismo febril de quien se sabe amada, deseada, también aquellos elementos que ya han estado presentes en sus poemas anteriores: el misticismo y la intimidad de una emoción, el amor materno, la nostalgia. Aparece, irrumpen debería decir, el agua y los pájaros; desde el universo diminuto de una lagrima hasta el embravecido mar que estalla en el pecho, el aleteo suave de colibrí hasta el batiente vuelo presuroso de la noche. El amor esta ahí, inocente y cristalino. Ay de aquel que detonó estos versos. Pobre diablo al saber que los ha perdido.

Una casa, una mesa, un silencio, / momificada sinfonía.

Asoman de pronto sus influencias, poetas que en las lecturas favoritas van dejando un rastro interno, aparentemente de origen ignoto, pero que llevan la poesía de América por rumbos que la misma poeta no sospecha y se aparecen de pronto para florecer transformados, novedosos. Ahí deambulan Rubén Bonifaz Nuño y Wislawa Szimborska, Jair Cortés y Rosario Castellanos. Estamos ante una escritora que lee, se nota a leguas. La poeta enmudece con el único lenguaje perfecto, la poesía.

No esperes de pronto / un remordimiento estalle, / volcada polvareda hacia un desierto.

Nada deja al azar de la inspiración. Es clara y precisa en sus imágenes, meticulosa en la cadencia que imprime a cada verso y enseñoreándose urde el “todo” que significa cada poema. Su madurez literaria es evidente. Se abra paso como quien entra en la maleza, con la seguridad de que entre la hierba hay un camino para andar. Alguien ya lo ha recorrido. Tal vez no.

La palabra mía se vuelve / selva y enredadera del insomnio (…)

“Irrupción” es también el inicio de otro sueño, el de la editorial independiente Cipselas. Esos pequeños pétalos delgados, puntiagudos y volátiles de los Dientes de león, que al soplar se marchan en desbandada. Dicen que, si alguno de ellos te entra al ojo, te deja ciego. Deseo que cada libro que produzcan tenga el mismo efecto, pero viceversa.

El alfabeto es pequeño para una estela / de tres puntas que me persigue donde / existo.

América Femat Viveros es consciente de su destino, ese destino compartido por todos los poetas que sabemos que nunca podremos dejar de escribir. En esa conciencia se ha ganado un lugar en la poesía de Hidalgo, el cual nunca nadie se lo podrá quitar.

Paso cebra

Desde este cruce quiero felicitar a la escritora hidalguense María Ruiz, quien obtuvo la semana pasada el Premio de Narrativa Infantil Caleidoscopio 2018, en la categoría Cristal. Este premio convocado en la ciudad de Aguascalientes por Tera Ediciones es una gran oportunidad para reconocer a aquellos que dedican su pluma a los lectores más pequeños. María Ruíz ha dedicado su trabajo literario a recuperar la memoria de su pueblo, Huasca de Ocampo, y también a incentivar la imaginación y el deseo lector de los niños.

Es además una escritora de gran imaginación y habilidad narrativa, el titulo del cuento ganador es apenas un botón: “Mariquita dedos en la nariz”. Vale la pena celebrarlo. Es un buen momento para la literatura para niños que se escribe en Hidalgo. ¡Felicidades flaca!

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