«Creció en mi frente un árbol. Creció hacia dentro. Sus raíces son venas, nervios sus ramas, sus confusos follajes pensamientos. Tus miradas lo encienden y sus frutos de sombras son naranjas de sangre son granadas de lumbre. Amanece en la noche del cuerpo. Allá adentro, en mi frente, el árbol habla. Acércate, ¿Lo oyes?»

Este poema lleva por título “Árbol adentro” y fue publicado por Octavio Paz (el único Premio Nobel literario mexicano hasta ahora) en un poemario homónimo del año de 1987. Dos años después, Paz publicó ‘El fuego de cada día’ que reunía sus mejores poemas, según el propio autor, sin embargo, “Árbol adentro” no apareció en dicha compilación. El poeta nunca explicó su decisión, pero podemos adivinarla con facilidad, los versos de esta pieza lírica no están a la altura de otros mejor logrados, como es el caso de “Carta de creencia”, su poema de amor más importante, pero, a pesar de no haber sido reimpreso en la antología, estamos ante un excelente poema.

«Creció en mi frente un árbol». En el Génesis el Árbol del conocimiento, del bien y del mal está prohibido para los humanos. La serpiente lo habita, la mujer lo deleita y el hombre es convidado al festín. Desde entonces somos como dioses en un mundo desacralizado. El árbol del poema es el mismo del Génesis, y la serpiente representa aquello que nos diferencia del resto de las bestias: nuestra inteligencia.

«Creció hacia adentro». Los romanos heredaron de los griegos la sentencia «Conócete a ti mismo». El árbol del poema crece hacia adentro, no es el sol el que lo fortalece y agranda, sino nuestra sangre enrojecida por las detonaciones cordiales. « Sus raíces son venas, nervios sus ramas, sus confusos follajes pensamientos.» Dentro de nuestra cabeza las ramas con sus hojas lo abarcan todo sumiendo al pensamiento en la oscuridad de la ignorancia, sin embargo, siempre el sol armado logra penetrar el vientre de las sombras.

Los follajes en la cabeza, las raíces en las venas. Los judíos representaron su universo en un diagrama cabalístico que ellos denominan ‘El árbol de la vida’. En la cabeza se sitúa la región de Kéter (la corona) que, como los follajes, está nutrida por los frutos luminosos que germinaron de la semilla de las tinieblas. El poema de Paz nos habla de naranjas de sangre, naranjas que bombean un espectáculo donde Eros y Tánatos son sus protagonistas.

El poema termina con una pregunta «¿Lo oyes?». ¿A quién le está hablando? ¿Qué dice este árbol que se enciende con las miradas de otro? «Amanece en la noche del cuerpo», la iluminación ha sucedido luego del autoconocimiento.

Los días contemporáneos no son muy diferentes a los ya enterrados. Se dice que hace siglos la humanidad atravesó por un periodo de oscurantismo que fue superado con la llegada del antropocentrismo, sin embargo, pareciera que el medioevo prevalece. La humanidad se ha olvidado de la poesía y mientras que el sol ilumina las urbes secas, el ‘árbol adentro’ que portamos enmudece, y al acercarnos a él lo único que escuchamos son las muertas hojas que, desprendidas, desaparecen con el viento.

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