Nuestra capacidad de sorprendernos no tiene límite. En México registramos niveles de delitos, corrupción y violaciones a los derechos humanos y no pasa nada. Todo se queda en notas informativas en los medios. Los políticos siempre le apuestan al olvido.

En la semana que terminó nos enteramos que el pasado mes de octubre fue el momento más violento en nuestro país. Según el informe del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el mes que corrió fue donde se registraron peores índices de delincuencia en México. Como si fuera una carrera de velocidad, cada sexenio que pasa se pelea el primer puesto donde la inseguridad se incrementa.

Tan solo, en cifras del Sistema, durante los 31 días de octubre se ejecutaron a dos mil 300 personas, cifra histórica que muestra un país inmerso en la violencia del crimen organizado.

Además, nos confirma que gobierno tras gobierno, no existen políticas públicas que combatan al delito.

Y es que los esfuerzos gubernamentales se han concentrado en una lucha armada contra la inseguridad, se olvidan los orígenes del crimen.

Lamentablemente, en muchos lugares del país donde la pobreza es el común denominador, los más jóvenes están soñando con ser como los grandes capos del narcotráfico, quieren tener millones de pesos en efectivo, autos y lujos, aunque sepan que morirán muy pronto.

Todos quieren ser como el Chapo o el Señor de los Cielos, pero ninguno quiere ser como los papás de los narcotraficantes, porque sus antecesores fueron pobres y el narco es rico de una manera vertiginosa.

El crimen organizado está reclutando elementos porque la gente tiene que decidir entre una pobreza interminable o un poco de dinero, aunque este dure poco.

Padecemos una cultura de la vida fácil y rápida. Ahí es donde tenemos que dar la verdadera batalla contra el crimen, sólo así podremos destruir los carteles.

La educación, la generación de oportunidades y la justicia social son las únicas armas que debemos utilizar para evitar que nuestros jóvenes decidan pasarse al crimen.

Sin embargo, esto se ve muy lejano y no por la falta de recursos del estado mexicano sino porque el crimen organizado está siendo alentado y permitido desde el sistema político.

Los políticos se apoderaron del narcotráfico y de las bandas organizadas, para que éstos puedan laborar deben de compartir las ganancias con quienes “gobiernan”. Los ejemplos sobran. Quién no se acuerda del ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva o de Javier Duarte en Veracruz.

Tenemos un largo historial de gobernantes y políticos coludidos por el crimen organizado.

Eso nos lleva a considerar que sólo cambiando el actual sistema político es como podremos vencer los grandes males que tiene el país. Hoy los políticos tienen intereses y compromisos con grupos ajenos a la ciudadanía. Votar por ellos es seguir votando por un México inmerso en el crimen, en la pobreza y en la desigualdad. ¿Estás de acuerdo en seguir igual? Yo no, por eso te pido que #FirmalaHistoria y busca una nueva opción.

@PedroFerriz

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