Acompañado de las esperanzas de los priistas, Guillermo Deloya Cobián acudió al ritual de registro como aspirante del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia municipal de Puebla capital, en lo que previó, será una “lucha, de sacrificio y tesón que derivará en una jornada victoriosa”.

En la ciudad que recordó, es la segunda con mayor pobreza urbana del país y donde los niños juegan entre ratas y cucarachas, ratificó que junto con el candidato a la gubernatura, Enrique Doger, hará una campaña de acompañamiento.

“Puebla, no tengas miedo, iniciamos el camino para cambiarte el rostro, refirió en su discurso al entregar su documentación para contener por “la Puebla de mis amores”, para que los presupuestos ayuden a la gente, que hoy cifra la esperanza de quienes han quedado al olvido como ustedes”, dijo ante poco más de medio millar de priistas.
“Vamos por esa Puebla que se nos ha ido de las manos, que vive en la inseguridad, que vive en la incertidumbre”, definió en torno a su campaña que se regirá bajo el lema: ¿Cómo vez a esa Puebla?

Deloya, hijo de un secretario particular de la Presidencia de la República en las épocas del monolítico PRI, se define como sabedor del abandono de las juntas auxiliares y 900 colonias, de la Puebla que suma unos dos millones de habitantes, que quieren paz, servicios, de la gente para que puedan transitar con el pecho en alto.

“Nosotros no nos ponemos de rodillas, tenemos la dignidad de no aceptar los valores de quienes fueron nuestros perseguidores”, sentenció ante la dirigencia priista encabezada por Charbel Jorge Estefan Chidiac, así como el candidato al gobierno de Puebla, Enrique Doger Guerrero, los aspirantes al Senado de la República y su familia.
El disurso parecía dictado por su padre, Don Urbano Deloya y una de sus intervenciones radiofónicas en Puebla de mis Amores: “Con la frente en alto, con el pecho erguido, con la mirada hacia el futuro, con la esperanza de una Puebla mejor… veo una Puebla victoriosa, que recupera la dignidad y el orgullo, veo una Puebla angelical, una Puebla de Zaragoza, de los luchadores que defendieron hasta el último rincón, si me favorecen seguro llegaremos y entraremos al Ayuntamiento a cogobernar, con ustedes…  me comprometo hasta con la vida paran servir a Puebla”.

Deloya ofertó el cambio de una Puebla que sólo tiene cicatrices en el rostro, una Puebla que tiene la capacidad de ser una ciudad ejemplar.

Más tarde, en el Salón de Presidentes del Comité Directivo Estatal del PRI, donde se aprecia que ninguno de los 14 últimos presidentes del partido ha logrado ser gobernador del estado de Puebla, el discurso se repitió.

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