Nach einem einmonatigen Streik hat die IG Metall, die größte Gewerkschaft Deutschlands, eine beispiellose Vereinbarung erzielt, die Arbeitnehmern in der Automobilindustrie flexible Arbeitszeiten und eine begrenzte Reduzierung von 28 Stunden pro Woche gewähren soll.

Die Kürzung ist fakultativ, was bedeutet, dass diejenigen Arbeitnehmer, die mindestens zwei Jahre für die Firma gearbeiten haben, das Recht haben, diese Reduzierung für einem Zeitraum zwischen sechs und 24 Monaten zu beantragen. Sobald diese Zeit vorbei ist, sind die Arbeiter verpflichtet, zur normalen Arbeit zurückzukehren.

Dieser Vorstoß stellt erneut die traditionelle Idee der Äquivalenz zwischen Arbeitszeit und Produktivität in Frage, die von mehreren Unternehmen, Intellektuellen und sozialen Gruppen im Laufe der Jahre aufgeworfen wurde.

Aus Lateinamerika, und speziell aus Mexiko, erscheint eine Reform unwahrscheinlich und vor allem utopisch.

Die Bewertung des persönlichen Lebens vor der Arbeit scheint die Tür der Mexikaner nicht zu berühren, wo im Durchschnitt 43 Stunden pro Woche gearbeitet werden, die größte Anzahl von Stunden im Vergleich zu allen anderen Ländern, aus denen die Organisation Wirtschaftliche Zusammenarbeit und Entwicklung (OECD) besteht.

Nach Angaben der OECD, im Jahr 2017 – in dem diese Reform in Deutschland noch nicht existierte – arbeiteten sie im europäischen Land durchschnittlich 1.363 Stunden pro Jahr, während in Mexiko 2.255 Stunden gearbeitet wurden. Eine Plus von 60%!

Die Tatsache, dass die Änderung noch nicht erreicht wurde, bedeutet nicht, dass man sie nicht versuchte. Ein Beispiel wurde vom wichtigsten Geschäftsmann in Mexiko, Carlos Slim, gegeben, der die Möglichkeit vorschlug, dass die Hälfte der Bevölkerung von Montag bis Mittwoch und die andere Hälfte von Mittwoch bis Samstag arbeitete.

Aber die Ergebnisse waren in der Arbeitsrealität vage. Obwohl es durch verschiedene Experimente bewiesen wurde, dass Pausen und Freizeit oder Familienzeit die Produktivität erhöhen, wurden keine wesentlichen Gesetzesreformen durchgeführt.

Der Missbrauch vieler Arbeitgeber wird begünstigt durch Faktoren wie die Inflation, die sich auf die Familienwirtschaft auswirkt, und die große Bandbreite auf dem Arbeitsmarkt. Wenn viele Angestellte nach einer Gehaltserhöhung oder mehr Leistungen fragen, wird argumentiert, dass es immer jemanden geben wird, der bereit ist, für weniger Geld und sogar ohne Sozialleistungen zu arbeiten.

Es lohnt sich, darüber nachzudenken, ob wir arbeiten um zu leben, oder leben um zu arbeiten. Für den Fall, dass die zweite Aussage richtig ist, müssen wir unbedingt unser Berufsleben neu ausrichten. Wenn etwas die deutsche Gesellschaft charakterisiert, ist es ihre Fähigkeit, sich für den Wandel zu vereinigen. Wir können etwas von ihnen lernen und uns wirklich dazu verpflichten, Dinge zu ändern. Zusammen gegen die Ungerechtigkeiten, denen wir gegenüberstehen, können wir bessere Bedingungen verlangen, die nicht zur Entmenschlichung des Arbeiters in Mexiko führen.

 

 

 

 

¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar?

Tras una huelga de un mes, el mayor sindicato de Alemania, IG Metall, llegó a un acuerdo sin precedentes, el cual consiste en otorgar flexibilidad del tiempo de trabajo y una reducción limitada de 28 horas a la semana para trabajadores de la industria automotriz.

La reducción es de carácter opcional, es decir que aquellos empleados que lleven dos años de antigüedad tendrán derecho a pedir esa reducción en un periodo de entre seis y 24 meses. Una vez terminado este tiempo, los trabajadores se comprometen a regresar a trabajar tiempo completo.

Este avance desafía una vez más la idea tradicional de equivalencia entre horas de trabajo y productividad, puesta en duda por varias empresas, intelectuales y grupos sociales a través de los años.

Visto desde América Latina, y específicamente desde México, una reforma pareciera improbable y más que otra cosa, utópica.

La valorización de la vida personal sobre la laboral parece no tocar la puerta de los mexicanos, país en donde se trabaja un promedio de 43 horas a la semana, la mayor cantidad de horas en comparación a todos los demás países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En total, de acuerdo con datos de la OCDE, en 2017 – año en el que aún no existía esta reforma en Alemania – en el país europeo se trabajaban en promedio 1,363 horas al año, mientras que en México se contabilizaron 2,255 horas trabajadas en el año, ¡Un 60% más!

El que no se haya logrado el cambio, no quiere decir que no se haya intentado. Un ejemplo fue propuesto por el empresario más importante de México, Carlos Slim, el cual sugirió la posibilidad de que la mitad de la población trabajara de lunes a miércoles, y la otra mitad de miércoles a sábado.

Pero los resultados han sido vagos en la realidad laboral. A pesar de que se ha comprobado a través de diversos experimentos, que los descansos y el tiempo de ocio o familiar tienden a aumentar la productividad, no se ha llevado a cabo una reforma significativa en las leyes.

Los abusos de muchos empleadores se ven favorecidos por factores como la inflación, que afecta la economía familiar, y la amplia oferta en el mercado de trabajo. De ahí que al solicitar un aumento de salario o más prestaciones, el argumento de muchos empleadores es que siempre habrá alguien más dispuesto a trabajar por menos e incluso sin prestaciones.

Vale la pena replantearnos si trabajamos para vivir o vivimos para trabajar. En caso de que la afirmación segunda sea la correcta, es imperante que comencemos a resignificar nuestra vida laboral. Si algo caracteriza a la sociedad alemana es su capacidad de unión en pro del cambio. Algo podemos aprender de ellos y verdaderamente comprometernos a cambiar las cosas. Unidos, resistiendo las injusticias laborales a las cuales nos enfrentamos, podemos demandar mejores condiciones que no conduzcan a la deshumanización del trabajador en México.

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