El próximo primero de julio los mexicanos acudiremos a las urnas para expresar nuestro enojo más que un acto democrático.

En los 35 días que llevamos de campaña, el común denominador que he notado entre la sociedad es el tremendo descontento que tenemos hacia el gobierno de Enrique Peña Nieto, de ahí que se explique por qué José Antonio Meade simplemente se hunde en un muy lejano tercer lugar en las encuestas.

Meade tiene el rostro de Peña Nieto. El candidato del PRI tiene como sus principales cartas de presentación la corrupción de la estafa maestra, de la casa blanca, de los miles de desaparecidos, del socavón de Cuernavaca. Es imposible que el priista que no es priista, sea aceptado por los mexicanos que vemos el incremento diario de la gasolina o que somos víctimas de la inseguridad.

A esto hay que sumarle los errores casi cotidianos que se comenten en el bunker priista. Con un relevo en la Presidencia Nacional al mero estilo de los años 80s, metiendo a un representante del peor priismo histórico como René Juárez Cisneros, quien sólo está ahí para cerrar la puerta y cerciorarse de que no se quede nada en las arcas del recurso público.

José Antonio Meade no se ha dado cuenta que a quien debe de convencer es a los mexicanos y no a los priistas.

Tan sólo este sábado cometió uno de sus más grande errores, cuando protagonizó la foto de la derrota. En un acto en Veracruz, el tan señalado Carlos Romero Deschamps le levantó lo mano.

En esa gráfica, publicada ampliamente por los medios de comunicación, José Antonio Meade estampó lo que será su derrota en el primer domingo de julio.

En el PRI siempre han pesado más las complicidades que cualquier otro ánimo de cambio. Así nacieron, así se morirán.

Con esas imágenes la ciudadanía sigue enojándose ante la tremenda impunidad que padecemos.

Con miles de denuncias por corrupción, el líder petrolero se mostró contento en la foto con Meade al haber asegurado su poderío muchos años más.

Ante este escenario, quien sigue cosechando simpatía es Andrés Manuel López Obrador quien pareciera ir tranquilo galopando hacia la Presidencia de la República.

Si hoy fuera la elección, López Obrador seguro sería el próximo presidente, pero su triunfo no se habría logrado por el apoyo de los mexicanos sino en el enojo.

Muchos votarán en contra de Peña y tacharán el nombre del ex jefe de gobierno del Distrito Federal. Será una opción como castigo, que poco beneficiará a un gobierno como el de Andrés Manuel.

Las expectativas serán muy altas ante un candidato de izquierda que ha levantado las banderas de la amnistía, del amor y de la paz.

Vale la pena pensar y repensar nuestro voto. Un castigo a quienes han delinquido es necesario y no se puede perdonar, pero tampoco el enojo ciudadano pueda llevarnos a elegir a alguien que carece de propuestas para un México moderno. Estamos en tiempos de elegir con responsabilidad. Nuestra es la voz.

Hablemospormexico.org

 

@PedroFerriz

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