La semana pasada se conoció el índice de pago de deuda pública con respecto de los egresos totales 2017 de las entidades federativas del país, de acuerdo a un estudio del Inegi.

El estado que más destina al pago de deuda pública es Quintana Roo, cuya escandalosa cifra es del 44.8%, en contraste con 1.7% que dedica a la ejecución de obra pública.

En comparación, la entidad que menos aporta a pagar compromisos añejos es Tlaxcala, pues tiene deuda cero, y destina 5.8% al pago de obra pública.

Puebla aparece en una buena posición, al aportar solamente 0.7% de sus egresos al pago de deuda pública, y 4.4% del gasto va a obra pública.

Como lo muestra el gráfico de Excélsior con información del Inegi, es inaudito que el promedio de los estados para el pago de deuda sea de 9%, mientras que en promedio las entidades canalizan 4.4% a la obra pública.

Puebla, gobernada por Tony Gali, está mejor que el promedio nacional en ambos indicadores.

Leí con atención un artículo del auditor superior de la Federación, David Colmenares, publicado el viernes pasado en eje central.

En el texto, el experto en finanzas públicas recrimina el hecho de que varios estados reportan los PPS como inversión pero no como deuda, lo cual “maquilla” el compromiso que tiene el gobierno de pagar ese dinero en el futuro, lo cual, aquí y en china, es deuda.

Por un lado, informa que a marzo de 2018, la deuda acumulada de estos dos órdenes asciende a 528 mil millones de pesos, que contrasta con los 160 mil millones de 2006.

Resalta Colmenares que “El problema de la deuda más que su monto, es la relación respecto a tres variables fundamentales: el PIBE, las participaciones y los ingresos totales”.

Así, recrimina el uso del gasto que han dado algunos estados:

“Se han dado verdaderos atropellos a las finanzas estatales, respecto a endeudamiento irresponsable por parte de algunos estados, profundizando ante la sociedad a partir del conocimiento en 2011 del endeudamiento oculto de Coahuila, que terminó con funcionarios federales responsables del registro de deuda pública, en la cárcel, absueltos posteriormente y ninguno estatal. Esa deuda de corto plazo, mucha falsificando la aprobación del Congreso Local, se regularizó mediante una reestructura, convirtiéndola en deuda de largo plazo, sin haber pasado nunca por la aprobación del Congreso, quedando como testimonio el deterioro de las finanzas de ese estado”.

Es muy claro que la deuda es un elemento de financiamiento, pero con las experiencias de abusos y engaños que hemos tenido, se hace cada vez menos popular un gobierno que paga a la deuda más de lo que invierte en obra o mejora de servicios públicos.

Gracias y nos leemos el próximo miércoles.

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