Linchamientos. Me pueden acusar de pesimista, malinchista, poco patriota o lo que ustedes digan y manden. Y pueden tener razón.

Pero lo que no puedo comprender ni aceptar es que a este país se lo esté llevando la barbarie.

En Ajalpan, el pasado miércoles, un centenar de personas acusaron a dos hombres que estaban ingiriendo bebidas de ser robachicos, acusación que ya se confirmó que era falsa. Ambos en realidad eran campesinos. La policía municipal los rescató inicialmente y los recluyó en la comandancia, a donde la turba llegó, los sacaron, golpearon, amarraron y quemaron vivos.

¿Alguien puede pensar que esa conducta vecinal es normal?

¿Alguien puede tolerar esta falta de civilidad?

¿Qué tiene que pasar para que los ayuntamientos hagan su trabajo e impidan que los vecinos tomen la justicia por sus manos?

¿Qué tiene que pasar para que los ayuntamientos se ajusten a los protocolos establecidos por el gobierno del estado para atender los linchamientos? Son preguntas que lamentablemente creo que no tienen respuesta. En la última semana la Secretaría General de Gobierno y la Secretaría de Seguridad Pública del estado impidieron 10 linchamientos.

La barbarie se apoderó de habitantes de Acatlán, pero no es la primera vez. Lo mismo ha ocurrido en Juan C Bonilla, San Miguel Canoa, San Martín Texmelucan, Yehualtepec, Tlacotepec de Benito Juárez.

Las acusaciones mediante las cuales se “justifican” los linchamientos son principalmente robo de vehículos y secuestro.

No vemos por ejemplo linchamientos contra huachicoleros. No he visto a uno solo que maten por andar robándole al Estado, a Pemex, a los mexicanos, pues, al sustraer combustible de los ductos. Si alguien sí lo ha visto, le pido que me mande el caso. Y no lo vemos porque muchos ciudadanos de los pueblos son cómplices de los hucahicoleros. Porque se benefician de sus fechorías. Es la verdad.

Me parece reprobable que los vecinos de ciertos municipios hayan convertido sus demarcaciones en auténticas hogueras de la inquisición. Que hayan corrompido la zona donde viven y sean hoy zonas de guerra, donde nadie quisiera ir a comerse un molito o a conocer sus costumbres.

Me parece reprobable que las autoridades hayan llevado al exceso el desánimo social y el hartazgo por la impunidad (concediendo si acaso que esa sea la razón que motive a los linchamientos).

La sociedad de esos municipios han conducido la civilización a la peor barbarie posible.

Hemos retrocedido miles de años.

Hemos retrocedido porque al menos a mí me queda claro que a este país le faltan cientos de años para ser civilizado. Para resolver sus diferencias mediante el diálogo y la ley y no a través de los machetes, la gasolina y un cerillo.

¡Y cómo no lo van a resolver así si vemos en los medios, en las escuelas, en las familias, una suerte de violencia colectiva!

¡Y cómo no van a optar por la violencia si en las esquinas los conductores no dan el paso al peatón, le gritan al que se les mete adelante y se bajan de los autos y matan pistola en mano al otro conductor!

¡Cómo no va pasar este infierno en este país si tenemos las autoridades que tenemos, incapaces, rapaces!

De manera paralela al linchamiento de los dos hombres en Acatlán de Osorio circularon en redes y WhatsApp falsas alarmas por la presencia de secuestradores en diversos municipios como San Martín Texmelucan.

Anoche en Hidalgo se presentó un linchamiento de una pareja por el mismo rumor: supuestamente eran secuestradores.

Y yo no creo en las coincidencias.

Me queda claro que hay un cáncer en la sociedad. Ese cáncer está comiendo lo mejor que teníamos: la dignidad, el respeto por el otro. Me queda claro que la violencia no cederá. Y eso me deja profundamente triste e impotente.

¡Cómo vamos a ser un país de primer mundo cuando en los pueblos confunden a “encuestadores” por “secuestradores” y los matan como lo hicieron en Ajalpan!

Pobre país.

Gracias y nos leemos el lunes.

Twitter: @erickbecera1

Face: @erickbecerramx

DEJAR COMENTARIO

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, escribe tu nombre