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Torres Bodet, de precoz joven a poeta olvidado

2016-10-26 06:00:00
Por César Pérez González
Periódico Síntesis Columinista César Pérez González

Entre los escritores que se agruparon en torno a la generación de los Contemporáneos, Jaime Torres Bodet destaca por ser hábil político, precoz en el servicio público y hombre de letras, aunque con cierta despreocupación por la suerte de su mentor, José Vasconcelos.

Formado en la Escuela Nacional Preparatoria, finalizaba apenas su etapa como estudiante cuando se le encomendó la tarea de dirigir la Secretaría de la institución, hecho bastante inusual para el comienzo del siglo pasado.

A su temprana edad ya mostraba la cadencia lírica y gustos por letras europeas, aproximándose a otros “púberes” que iniciaban sus primeros escarceos, todos ellos alumnos del ahora Museo de San Ildefonso: Enrique González Rojo, José Gorostiza Alcalá y Bernardo Ortiz de Montellano.

Con esta base de Contemporáneos formalizó inquietudes literarias que desembocaron en revistas, como “La Falange”, misma que ofrecía un repaso de sus lecturas e inclinaciones por Francia, Inglaterra y España.

Justamente dicha publicación fue insignia de hasta dónde podían llegar bajo el talante del nuevo funcionario, luz y sombra de Vasconcelos; rápidamente fue escalando en confianzas hasta notarse la mano de Torres Bodet en los encargos que sus amigos iban obteniendo.

Ya formada la ahora Secretaría de Educación Pública, Jaime Torres Bodet fungió dos responsabilidades; por un lado, diseñar y llevar a la práctica la cruzada alfabetizadora de su jefe, mientras, en segundo plano, agrupar en su imagen la presencia de escritores recién comenzados de la nueva generación.

En este sentido, su calidad organizativa no quedó en duda, pues file al modo, aprendió a situarse en el momento justo burocrático de la historia reciente, inclusive, desmarcarse para no resultar comprometido en todas aspiraciones salidas al paso.

Si Vasconcelos cambió los esquemas educativos del país y los ajustó a una realidad sin futuro, producto de la Revolución que nunca pensó en este elemental aspecto –sin olvidar su influencia por el conflicto bélico en Rusia-, Jaime Torres Bodet creó para sí una red de influencias que facilitarían su promoción cultural desde altas esferas políticas.

Aún joven de la SEP se valieron sus amigos, quienes laboraron en las diferentes carteras –Bellas Artes y Bibliotecas, las predilectas-, al tiempo que a su paso aparecieron otros nombres no tan representativos como los primeros en Educación Pública: Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, Jorge Cuesta.

Uno de los episodios que más se le imputan al funcionario es alejarse de las aspiraciones de José Vasconcelos hacia la presidencia de la República en 1929, campañas que detonarán su exilio y desencanto por la política nacional.

Mientras tanto, Jaime Torres Bodet prefirió direccionar su nuevo poder a instancias que le aseguraran mantenerse contra viento y marea en los puestos oficiales donde ya radicaba.

Precisamente, fue el único de los Contemporáneos que no resultó afectado por las polémicas nacionalistas que desde mediados de la década de los veinte desataron una ola de acusaciones contra el grupo.

Es más, cuando el tema del afrancesamiento en las letras mexicanas se trasladó a los diarios, Torres Bodet no fue exigido para abandonar sus oficinas, como sí aconteció con sus compañeros de generación.

Narrador mediano y poeta sin enormes atisbos que lo proyecten como de los mejores, literariamente se le reconoce su amplio catálogo y búsqueda por alargar al extremo la última faceta del Modernismo, sin embargo, en sus letras es difícil hallar signos de un poeta de escuela.

A este ritmo el panorama es complicado para Jaime Torres Bodet, pues al menos su rescate inmediato no ofrece revelaciones de donde sujetarse: los investigadores que lo abordan son escasos y su obra olvidada.

Por ahora, sí, es integrante de anécdotas y recuerdos de glorias en Educación Pública, Relaciones Exteriores o la Unesco, pero no está de más regresar a sus letras para verificar si lo escrito sobre él encaja o –como el resto de su generación- necesita ojos nuevos para regresarlo a luz, cuestión de enfoques, diría.

@Ed_Hoover

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