Vox | Nacional

Los pueblos blancos de España

2016-12-20 06:30:00
Por Teodoro Rentería Arróyave
Periódico Síntesis Columinista Teodoro Rentería Arróyave

Adentrarse en la misma Andalucía, es obligación del viajero si en verdad quiere descubrir algo nuevo en este nuestro mundo tan diverso y tan disperso.

Mea culpa, no obstante nuestros frecuentes viajes a España, desconocíamos la existencia de los Pueblos Blancos de Andalucía, cuyo gentilicio lo toman de la pintura de cal que ennoblece sus casucas.

La publicidad turística lo describe bien, debes de visitar la ruta de los pueblos blancos andaluces que te llena de los colores de las buganvilias y gitanillas, del blanco de sus paredes encaladas, del azul profundo de sus mares bajo el sol.

Les pido a los respetados lectores y radioescuchas, que por unos instantes cierren sus ojos e imaginen una serranía que a primera vista parece inescrutable, para descubrir después que el hombre la ha sabido dominar para crear el más hermoso y fascinante paisaje de los pueblos blancos que enseñorean la inmensidad de la comarca.

Así, la conocida como Ruta de los Pueblos Blancos nos lleva a recoger un sinfín de imágenes populares salidas del corazón mismo de Andalucía.

En una red de caminos, donde el hombre se impuso a la naturaleza, nos lleva a unos 20 municipios de las provincias de Cádiz y Málaga a los Pueblos y ciudades que comparten esas casas con fachadas de blanca cal tan características en gran parte de la comunidad andaluza.

Todo esto tiene que ver con los jardines andaluces que adornan los patios tras los vestíbulos, que por cierto siempre tienen abiertos para que el viandante los aprecie y se recree en ellos.

Su nombre proviene de la antigua costumbre de los habitantes de encalar las fachadas de sus casas, adornándolas con macetas de flores de vivos colores, creando un espectáculo de polícromo para la vista, al que se une el dorado del sol, el marrón de la montaña, el verde de la serranía y el azul del cielo.

Pueblos cuyas casas están adosadas a las piedras de las montañas, donde los caminos no permiten la presencia de automóviles. Todo hay que recorrerlo a pie, para el turista, probablemente una sola vez, para el habitante es el trajín diario de su vida.

En uno de esos pueblos, blancos, que posteriormente nos referiremos a ellos, exhaustos nos llegamos a la tasca del pueblo para reanimarnos con una copa de fino y de refino, según sea el gusto.

 

*Periodista y escritor

Comentario a tiempo,teodoro rentería arróyave

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