Vox | Nacional

Déficit de empatía

2017-01-11 06:50:00
Por Francisco Bedolla Cancino
Periódico Síntesis Columinista Francisco Bedolla Cancino

Entre los consensos del Pacto por México al inicio del sexenio de EPN y el gasolinazo de enero media una diferencia de 180 grados. Por la borda se fueron los presagios de un presidencialismo reformista, vistoso y exitoso;  y lo que hoy se aprecia, además de la cruenta y persisten-te caída de la aprobación social de la gestión de EPN, es a una muy humana persona, Enrique Peña Nieto, que no atina a apostarse en la palestra pública con la firmeza que exigen su decisión y su investidura, ni mucho menos  a sostener un relato sobre el gasolinazo digno de ser discutido y analizado por el vasto público opositor, habida cuenta de la improbabilidad de esgrimir y sostener un relato capaz de vencer y de convencer.  

Quienes festinaron los logros de la reformas constitucionales, que no fueron pocos, hoy de-ben estarse preguntando sobre las razones del radical viraje, máxime que todavía le restan dos años más a este sexenio. En lo particular, congruente con mi postura de disentimiento, he de decir que poco me sorprende mucho más lo anticipado del desgaste de la legitimidad y el consenso sociopolítico de EPN que el rotundo fracaso de su gestión. Probablemente, haciendo eco al slogan de su gobierno, su pecado capital haya sido creer que podía mover a México pactando de frente con sus opositores dentro del arreglo de la partidocracia y de espaldas a los México de los pobres y los marginados, de las redes sociales, de los jóvenes “milenial”, etc.   

En efecto, en la disyuntiva de abrir la deliberación sobre las transformaciones constitucionales o de pactar en corto con las elites partidistas, la apuesta reformista de EPN implicó la menor apertura posible, en el entendido de que era preferible un debate hiper acotado a unos cuantos expertos y a la elucidación de aspectos puramente técnicos. Dicho en otras palabras, se trató de una estrategia salvaje de despolitización de las reformas constitucionales y, tendencialmente, de cero diálogo con la sociedad. ¿Qué de extraño tiene ahora que el reclamo de los opositores apuesta a una estrategia de politización de las reformas? Peor aún, ¿qué de extraño tiene que, a ojos vistos del repudio masivo al gasolinazo, le den hoy la espalda a EPN sus mismos aliados de antaño?            

Si algo deja ver el gasolinazo es la indisposición e incompetencia dialógica del presidente. Ironías de la historia, las características de las cuales sacó provecho para impulsar el paquete de reformas constitucionales en tiempo record, son las que ahora se vuelven en su contra para sostener su gestión, de cara a un corrimiento brutal e irreversible de las opiniones y hu-mores hacia el terreno de la oposición social.

Definitivamente, el diálogo y la negociación política abiertos no son lo suyo. Con independencia de la viabilidad, su visión apuntó consistentemente y desde el inicio hacia la restauración del ancien regime y la vuelta a los tiempos del presidencialismo cuasi omnímodo. Nada más lejano a sus horizontes teóricos y prácticos que el diálogo en contexto de pluralidad y oposición  férrea. Precisamente, las reacciones contrarias al gasolinazo lo exhiben de cuerpo ente-ro. En lugar de atender a los reclamos sobre la inconsistencia de su relato y a las expectativas de poner freno a los excesos de la alta burocracia y a la permisividad de su gobierno con la  corrupción, prefirió aferrarse a la visión del gasolinazo como una “necesidad” dolorosa.

Peor aún, anclado en la falaz diatriba razón vs emoción, encajona a los opositores en lo segundo. Sus malos humores, sea en la versión de enojo, tristeza o desesperación, serían producto de su desapego a la inteligencia racional y su menosprecio de los argumentos y las razones fácticas; y, dicho sea de paso, de su conversión en víctimas de sus emociones. En tal sentido, aunque usted no lo crea, en el entender de EPN, la condición para que los malhumorados pudieran entender las razones de la necesidad del incremento al precio de las gasolinas sería evitar las experiencias del enojo, el temor o la frustración, y atender en exclusiva las razones del desbalance de las finanzas públicas y las consecuencias regresivas de las políticas de subsidio.             

Más consistente con las teorías y la evidencia empírica es que los procesos de diálogo presuponen de los partícipes buenas dosis de empatía. Si algo es claro en la actual coyuntura, a diferencia de lo sucedió al inicio del sexenio, es que el diálogo dejó de ser opcional para EPN, y si éste realmente aspira a detener el corrimiento hacia la oposición, cuando no a revertirlo, requiere invertir los términos de su ecuación racionalista estrecha y falaz. Frente a él está un interlocutor mexicano promedio entre enojado-colérico y triste-deprimido, que espera de su dirigente máximo mucho más que argumentos de causalidades necesarias y dolorosas.

En tal contexto, la interrogante básica es si EPN cuenta dentro de su equipo con la inteligencia y el apoyo necesarios para forzar, como se necesita, un giro de 180 grados en su relato. Dos indicios apuntan en sentido contrario. Primero, la reincorporación de Luis Videgaray a su gabinete formal. No se trata, por cierto, de juzgar las cartas credenciales de este activo presidencial, sino de colocar su decisión en el clima de animadversión mayoritaria, suscitado por su injerencia en la visita de Trump. Y segundo, su tentativa fallida de suscribir un pacto con los empresarios para frenar la especulación y el incremento de precios de los productos de la canasta básica, en vistas proteger el bienestar y la capacidad de compra de los que menos tienen.   

No lo sé de cierto, pero imagino que el círculo pequeño de colaboradores pensantes de EPN se ha conformado bajo la premisa de “pensar” igual que el jefe y funciona bajo la regla de que el jefe siempre tiene la razón. Significa que el diálogo y la deliberación plurales son ajenos a las prácticas de diagnóstico y remedio de los problemas políticos nacionales. Con independencia de ello, el malhumor social crece, y lo seguirá haciendo, al igual que las expectativas de escuchar algo mínimamente creíble sobre la austeridad en la casa gubernamental y el combate a la corrupción. La disyuntiva de EPN es intentar conectar con ese interlocutor, por-que es la gran mayoría, o persistir en la intentona de pedir a éste lo que no se le ha brindado: comprensión. Lo primero exige cambio radical e inteligencia. Lo segundo es suicida.

 

*Analista político

@franbedolla 

Francisco Bedolla Cancino,Opinión

Comentarios:


#EN_Puebla

{{noticia.sub_seccion}}
{{noticia.titulo}}

{{noticia.titulo | subStr: 110 }}

#TENDENCIAS

{{noticia.nombre_seccion}}
{{noticia.titulo}}

{{noticia.titulo | subStr: 110}}


no hay resultados
cargando ...

Resultado de la busqueda :

{{noticia.nombre_seccion}}
{{noticia.titulo}} {{noticia.titulo}}

{{noticia.titulo | subStr: 110 }}