Vox | Nacional

Yo robot

2017-02-10 06:52:00
Por Claudia Luna Palencia
Periódico Síntesis Columinista Claudia Luna Palencia

Ha dejado de ser una mera cuestión de ciencia ficción, de literatura y de cine hollywoodense,  para saltar a la esfera de nuestra realidad y tal parece también lo hará (y muy pronto) a nuestra cotidianidad.

La irrupción de la tecnología combinada con el auge de la Era Digital está cambiando no nada más la forma de interrelacionarnos y los mecanismos de producción sino también alterando muchas de nuestras nociones del conocimiento haciéndolas además más complejas por interpretar.

¿Robots o humanoides?  Para el Parlamento Europeo que espera pronunciarse al respecto la próxima semana, se trata de “personas electrónicas”  parecería que votarlo o no a nivel de una legislación comunitaria fuera tan simple; empero no lo es.

Las consecuencias de lo  que el Europarlamento y otras cámaras legislativas de otros países vayan aprobando en consecución de sus propios intereses no circunscribe únicamente a un término jurídico porque no es lo mismo hablar de robots, humanoides que de personas electrónicas.

Es decir, en la forma se trata de regular la introducción de los robots en nuestra vida y también en los esquemas productivos, pero en el fondo, subyace  una revolución ontológica y no es mera metafísica y filosofía para escribir nuevos tratados es cómo las personas que hacen las leyes y las votan asumen la propia concepción del ser humano, de sí mismos, frente a lo que será la compañía y la presencia del otro;  siendo el otro, un armatoste de tuercas y chips, pero con un aspecto humanizado.

¿Le parece complejo amigo lector? Pues prepárese porque ante sus ojos está naciendo una nueva sociedad y la Revolución Industrial marcada por la introducción de la máquina en los procesos productivos será peccata minuta ante el esperado desplazamiento que los robots realizarán en el sector servicios tan caracterizado por el trato cercano del hombre y la mujer para con los clientes.

Estamos hablando de personas electrónicas trabajando en hoteles, dándole a usted la bienvenida en vez de  una agradable y simpática señorita; o de un diligente mesero sustituido por un robot que le dice con toda precisión los ingredientes, el tiempo de cocción y hasta las calorías del platillo que acaba de ordenar para cenar.

Me parece que a la fecha, más allá del mero hecho coloquial de convivir con robots, como Humanidad no hemos calibrado atinadamente los aspectos negativos que implicarán la connivencia con las llamadas  personas electrónicas.

No tendrá nada que ver con lo que Bernardo Bertolucci reflejó en Novecento. Esta magistral película aborda –como ninguna otra-, el desplazamiento que en el campo  italiano provocó la introducción de las máquinas; el surgimiento de una nueva casta económica, la depauperación del trabajador agropecuario, el papel de los esquiroles, el fracaso de muchas huelgas así como el surgimiento de los camisas negras y la semilla del fascismo.

Llegado el momento con las personas electrónicas invadiendo todo nuestro espacio, copando nuestro ámbito, la inteligencia artificial amenazará con alterar los patrones productivos; habrá empresarios que quizá sustituyan a las mujeres (para ahorrarse los costos por la maternidad).

Es que hay que dilucidar muchas cuestiones, el Europarlamento en sus discusiones primigenias sugiere que las personas electrónicas  y en general cualquier forma de inteligencia artificial cuenten con un botón de desconexión. A fin de pulsarlo ante cualquier intimidación.

De la responsabilidad civil, por ejemplo, ¿quién se hará cargo de los daños que provoque a terceros una persona electrónica? ¿El dueño o el fabricante? Una buena parte de los eurodiputados se decantan por trasladársela al fabricante, que sea el que dé la cara y cubra los daños provocados por el mal funcionamiento de un robot.    

 

A colación

Ser o no ser una persona electrónica esa es la cuestión. Y esto apenas será el principio porque tendremos un choque ético que deberá ser asumible o no en la medida que nos acostumbremos a su presencia.

¿Debe pagar impuestos una persona electrónica? ¿Cotizar en la seguridad social? ¿Qué se hace socialmente hablando y en términos de subsidios con las personas desplazadas por un robot? ¿Debe cobrar una  nómina a fin de que participe también en el circuito de la economía?

Y después muy seguramente en la medida que su violenta introducción cope  la esfera de la producción y de los servicios emergerá igualmente otra confrontación ética cuando además forme parte de la sociedad, de la familia, de las relaciones de pareja… entre individuos. ¿Podrá adoptar hijos, heredar, ser juzgado por un delito? Yo en los últimos días me he preguntado qué pensaría Karl Marx de la plusvalía en relación con el trabajo de  las personas electrónicas.  Nos aguardan grandes transformaciones…

 

@claudialunapale

Claudia Luna Palencia,Por la espiral

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